Desde su lanzamiento, millones de personas han depositado su confianza en las vacunas, o mejor llamadas vacunas genéticas, mientras que otras tantas han expresado preocupación por sus posibles efectos adversos. ¿A qué se debe esta polarización? ¿Qué nos dicen realmente los datos?
Para ofrecer una visión equilibrada y basada en hechos, analizamos dos fuentes clave pero contrapuestas: el informe interno de seguridad de Pfizer de principios de 2021 y el sistema público de notificación VAERS (*), actualizado hasta marzo de 2025. A través de este contraste, se busca promover una comprensión más profunda de cómo se recopilan, interpretan y comunican los datos sobre seguridad vacunal.
(*) VAERS significa “Sistema para Reportar Eventos Adversos a las Vacunas” y funciona a nivel nacional en EE. UU. como parte de la red de seguridad de vacunas.
Fue creado en 1990 y es gestionado conjuntamente por los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) y la FDA (Agencia de Alimentos y Medicamentos)
Dos fuentes, dos visiones: datos corporativos vs. vigilancia pública
Por un lado, el informe confidencial de Pfizer presenta los primeros tres meses de datos post-autorización. En este período se reportaron más de 42,000 casos con casi 159,000 eventos adversos. Aunque 1,223 muertes fueron registradas, la conclusión de la farmacéutica fue clara: no se identificaron nuevos riesgos de seguridad que comprometieran el perfil beneficio-riesgo de la vacuna.
Del otro lado, el sistema VAERS, que recoge reportes espontáneos de cualquier ciudadano, muestra cifras acumuladas significativamente más altas. Según los datos disponibles hasta marzo de 2025, se reportaron 38,541 muertes asociadas a las vacunas COVID-19, un número que supera ampliamente a todas las demás vacunas desde 1990. No obstante, expertos y autoridades sanitarias han advertido que estos reportes no pueden interpretarse como evidencia directa de causalidad.
El dilema de los datos abiertos: interpretación con contexto
VAERS cumple una función esencial en la vigilancia post-comercialización, pero sus limitaciones son inherentes: reportes no verificados, posible duplicación de casos y sesgos de notificación. Por ello, aunque puede ser útil para detectar señales de seguridad, no se diseñó para establecer relaciones causa-efecto.
Por su parte, los datos de las farmacéuticas están sujetos a estándares regulatorios más estrictos, pero también han sido criticados por su falta de transparencia inicial. Esto plantea un dilema:
¿Debemos confiar más en la rigurosidad metodológica de los informes internos o en la accesibilidad de los sistemas públicos?
Escucha, compara, decide: una invitación al análisis crítico
Hemos preparado dos audios explicativos que abordan cada perspectiva en profundidad: el primero analiza el informe de Pfizer, su metodología y conclusiones; el segundo debate los hallazgos de VAERS y las posturas enfrentadas en torno a sus cifras.
Ambos contenidos están disponibles para ser escuchados desde la plataforma Odysee.
🎧 [Audio 1: Informe oficial de Pfizer – Análisis guiado]
🎧 [Audio 2: Debate sobre los datos públicos de VAERS]
Conclusión: Más allá del ruido, una mirada informada
Los datos sobre la seguridad de las vacunas contra el COVID-19 no son simples ni unívocos. Exigen interpretación, contexto y, sobre todo, una ciudadanía dispuesta a informarse más allá de los titulares. En esta editorial, no buscamos imponer una verdad, sino facilitar el acceso a información contrastada para que cada uno pueda formar su propio juicio, basado en evidencia y no en especulación.
Porque en temas de salud pública, la información clara, precisa y contextualizada puede marcar la diferencia entre el miedo y la confianza.









